Estar contigo es conformarme con una vida a medias. No porque resulte mediocre la idea de intercalar nuestras memorias y aliento, sino porque tenerte es no tenerte del todo. Me explico: tal vez en algún momento compartamos lo que silenciosamente todo mundo pretende conocer de nosotros (aún cuando entre risas tú y yo sabemos que nada es cierto y que nuestra única seguridad está en el pensar de cada paso), pero nada de lo que profieran nuestros labios alcanzará su naturaleza; siendo para mí su fin, besarte. Puede que en algún momento tus manos cálidas encuentren por magnetismo las mías, más sin embargo siempre tendremos lo que pudo ser, con lo que tú quieres que sea: un encuentro casual para evitar ser atropellados en la autopista del destino.
Lo innombrable es para mí lo que en algún momento llegué a aceptar, mientras que para ti sigue siendo un sueño incompleto. Es cuando trato de concebir este punto que mi mente debe omitir ciertas contradicciones para sobrevolar todo este asunto; al final, no todo paso, pensamiento o deseo está cubierto de lógica, siempre habrá uno que otro charco por esquivar. Resulta mi charco que, siendo tu mitad, siga siendo incompleto para ti. Digo tu mitad, no por conveniencia o como parte del plan divino, sino tu mitad en el sentido que sin pasar por ti no llego a mí mismo ahora… no mañana, no para toda la vida, sino hasta que el sol se nos esconda. Podría que anochezca mañana o mientras escribo estas palabras y es por ello que veo cada segundo como la oportunidad de cambiar este sin sentido, porque para mientras nos dure, “nosotros” sigue valiendo la pena.