martes, 19 de mayo de 2009

Esperaré llamar atardeciendo

En el resplandor del día encuentro tu sonrisa. Es inevitable, es como encontrarte en la salida de cada uno de mis pensamientos, es sentir como la adrenalina recorre mi cuerpo cada vez que tu mirada perpleja cruza la mía... y lo único que puedo hacer es mirar hacia otro lado; pretender que fue una brisa la que hizo posar mis ojos en ti.

¿Por qué habría de mirarte? Soy solo un triste viajante en el vagón del fondo, deseando que su pasaje sea hacia el éxito, mientras tú ya te encuentras reclamando lo que te merece ahí. ¿Quién soy para mirarte? Me arrastro mientras tu vuelas con gracia por encima de ti misma. ¿Quién soy yo para imaginar que tienes para mí miradas furtivas? Bendita es la ignorancia y atrevida la esperanza.

A la par tuya, soy el pedazo de nada que le hace falta al todo. Lógico es pues que lo que te sobre, a mí me llene: tus sonrisas, tus risas, tu sola silueta, una mirada por el rabillo de tu ojo... el aliento que se te va en cada paso y que me hace decir, sin lugar a dudas, que hay milagros que existen, respiran, caminan y sobre todo, danzan con gracia a la luz de mi asombro.

Que el tiempo que nos queda me sirva para recoger los pedazos de ti que se impregnan en mis sueños... que las coincidencias coincidan y te hagan encontrar esta carta clandestina. En definitiva, que mi vida de vuelta en capicúa y encuentre su claro... que las coincidencias coincidan y tengas para mi una carta similar.

Ahora no tengo otra necesidad, esperaré llamar atardeciendo.


F. El mismo de ayer, con intención de quedarse.

Historias por la avenida de los desencuentros I

"La cuadra tiene 100 metros. Caminando una cuadra cada 90 noventa segundos, debería estar ahí antes de que comience la clase" pensaba, mientras su mochila bailoteaba a su lado, como una pareja de baile indeseada. El día pintaba bien, de salir todo como tendría, acabaría igual que ayer. Mientras se pudiese anticipar al eventual cambio a luz roja de los semaforos, llegaría a tiempo.

Frases celebres, el reporte del tiempo y noticias amarillistas revoloteaban los pensamientos de Juan. Luego de haber caminado unas seis cuadras, se detuvo frente a un cruce; las cintas se habían salido de los zapatos. No, no necesitaba amarrarlos, bastaba con agarrar las cintas y depositarlas denuevo adentro del calzado. Se rehusaba a amarrarse los cordones no por comodidad, probablamente como cábala o tal vez por miedo a verse atado a cualquier cosa.... la verdad nisiquiera él lo entendía. Si pudiese definirlo probablemente se diera cuenta de la estupidez que ello representa y amarraría sus cordones. Sin embargo prefería, mientras no lo supiese, tenerlo presente como un misterio. Era así como Juan llenaba su cabeza con teorías durante esos segundos que le tomaba pararse de nuevo, voltear a ver si viene un auto y seguir caminando. Tal vez así sentía que hablaba con alguien mientras caminaba.

Fue cuando Juan se paró y volteó a ver si venía un auto que algo captó su atención del otro lado de la calle, ahí estaba ella... la chica de las 7:45 a.m. había llegado a tiempo. Era el tipo de mujer que hacía que un idiota como él hubiese decidido un día, después de perder el colectivo y tener que ir a pie a la facultad, ir caminando de ahí en adelante. Vestía casual como todos los días, unos jeans ajustados, remera azul, tenis desgastados y unos libros de facultad. De saber su nombre seguramente le hubiese construido un podio en su imaginación... mientras le durara la incertibumbre, seguiría siendo aquella chica que danzaba con sus teorías neopredeterministas mientras caminaba hacia su facultad ( las teorías de Juan claro está, ella al contrario tenía talante de ser brillante). Era ella la razón más hermosa que existía para tener que sudar una caminata de media hora.

Continuará... espero