¿Por qué habría de mirarte? Soy solo un triste viajante en el vagón del fondo, deseando que su pasaje sea hacia el éxito, mientras tú ya te encuentras reclamando lo que te merece ahí. ¿Quién soy para mirarte? Me arrastro mientras tu vuelas con gracia por encima de ti misma. ¿Quién soy yo para imaginar que tienes para mí miradas furtivas? Bendita es la ignorancia y atrevida la esperanza.
A la par tuya, soy el pedazo de nada que le hace falta al todo. Lógico es pues que lo que te sobre, a mí me llene: tus sonrisas, tus risas, tu sola silueta, una mirada por el rabillo de tu ojo... el aliento que se te va en cada paso y que me hace decir, sin lugar a dudas, que hay milagros que existen, respiran, caminan y sobre todo, danzan con gracia a la luz de mi asombro.
Que el tiempo que nos queda me sirva para recoger los pedazos de ti que se impregnan en mis sueños... que las coincidencias coincidan y te hagan encontrar esta carta clandestina. En definitiva, que mi vida de vuelta en capicúa y encuentre su claro... que las coincidencias coincidan y tengas para mi una carta similar.
Ahora no tengo otra necesidad, esperaré llamar atardeciendo.
F. El mismo de ayer, con intención de quedarse.