viernes, 26 de septiembre de 2008

¿Alguna vez te has levantado a proposito? Has procurado comenzar tu semana tal y como la etica y ley natural lo prescribe, esperando que no haya fuerza capaz de contrarestar toda la buena voluntad del mundo. ¡Seguro el sol incluso salió de tu lado de la vereda ese día! Llegaste justo a tiempo a tomar el colectivo que pasa cada media hora por tu cuadra. Ese día piensas en la lógica de una cadena de buena voluntad que se pueda distribuir en tu día y como esta parece indestructible. 

Error, error, error... el mismo que cometió Descartes y su "cogito ergo sum", nadie te puede garantizar que hacer las cosas bien tendrá su recompensa. Así como tienes tus cadenas de buena voluntad, existe una cosa que se llama libre albedrío ajeno. Si hiciécemos de nuestra vida un modelo económico y lo pudiésemos simplificar, afirmando que en este mundo lo único que tiene un efecto sobre nuestras vidas somos nosotros mismos, creo nuestras 'cadenas de buena voluntad' fuesen válidas. Pero, ¿qué pasa cuando algo más que nosotros mismos tiene un efecto en nuestras vidas? Peor aún, ¿qué pasa cuando le das el poder a otra persona de tirar tu voluntad al traste? 

"Creo que dije mucho... no, la verdad no dije lo suficiente"
R.E.M

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