martes, 19 de mayo de 2009

Historias por la avenida de los desencuentros I

"La cuadra tiene 100 metros. Caminando una cuadra cada 90 noventa segundos, debería estar ahí antes de que comience la clase" pensaba, mientras su mochila bailoteaba a su lado, como una pareja de baile indeseada. El día pintaba bien, de salir todo como tendría, acabaría igual que ayer. Mientras se pudiese anticipar al eventual cambio a luz roja de los semaforos, llegaría a tiempo.

Frases celebres, el reporte del tiempo y noticias amarillistas revoloteaban los pensamientos de Juan. Luego de haber caminado unas seis cuadras, se detuvo frente a un cruce; las cintas se habían salido de los zapatos. No, no necesitaba amarrarlos, bastaba con agarrar las cintas y depositarlas denuevo adentro del calzado. Se rehusaba a amarrarse los cordones no por comodidad, probablamente como cábala o tal vez por miedo a verse atado a cualquier cosa.... la verdad nisiquiera él lo entendía. Si pudiese definirlo probablemente se diera cuenta de la estupidez que ello representa y amarraría sus cordones. Sin embargo prefería, mientras no lo supiese, tenerlo presente como un misterio. Era así como Juan llenaba su cabeza con teorías durante esos segundos que le tomaba pararse de nuevo, voltear a ver si viene un auto y seguir caminando. Tal vez así sentía que hablaba con alguien mientras caminaba.

Fue cuando Juan se paró y volteó a ver si venía un auto que algo captó su atención del otro lado de la calle, ahí estaba ella... la chica de las 7:45 a.m. había llegado a tiempo. Era el tipo de mujer que hacía que un idiota como él hubiese decidido un día, después de perder el colectivo y tener que ir a pie a la facultad, ir caminando de ahí en adelante. Vestía casual como todos los días, unos jeans ajustados, remera azul, tenis desgastados y unos libros de facultad. De saber su nombre seguramente le hubiese construido un podio en su imaginación... mientras le durara la incertibumbre, seguiría siendo aquella chica que danzaba con sus teorías neopredeterministas mientras caminaba hacia su facultad ( las teorías de Juan claro está, ella al contrario tenía talante de ser brillante). Era ella la razón más hermosa que existía para tener que sudar una caminata de media hora.

Continuará... espero

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