lunes, 21 de abril de 2008

Nuevos paradigmas

12:21 a.m. el amor perfecto acaba de morir. Se fue con ese sinsabor que dejan las mentiras que dijiste y que luego te das cuenta que nunca tuviste que haber dicho, porque no existió alguna vez razón suficiente para tapar una pequeñez. Esa pequeñez que alude a creer que nuestra vida es resultado de azares, en lugar de alguna verdad ilustrada o cierto plan divino; lo anterior para engrandecer nuestra existencia o negar que seamos tan poca cosa (cuando lo somos).

Es por lo anterior que no me fue fácil matar al amor perfecto. Matarle requirió la aceptación de vivir con ese miedo hasta la muerte física y tal vez social (que suele ser casi lo mismo cuando las apariencias son la regla).

No fue que le quite vida, ni que le hice desaparecer; sencillamente se desvaneció el determinismo y la perfección de la idea. Pasé enseguida a darme cuenta que lo que existe son las personas que están dispuestas a quererte y a limar asperezas contigo. No hay una estructura ni un guión oculto... está la voluntad de perfeccionar la relación. No tiene porque ser la persona indicada, basta con que este dispuesta a tentar el destino, a querer y sufrir incondicionalmente.

La persona ideal es a la que más queremos, por la que más sufrimos. El amor perfecto creía en encontrarla para así hallar descanso a la soledad, de la mala soledad. Murió... ¿qué queda? Un nuevo paradigma: encontrar a la que más te quiera; es este el nuevo criterio de búsqueda. No me refiero a darle exclusividad a este nuevo elemento, sino a ponerlo a priori en la lista de requisitos.

12:58 a.m. me encuentro sin la cobija del destino como finalidad de mis sentimientos. El humo de la incertidumbre de una ciudad que sueña de noche con ser ciudad de día penetra mis pulmones. "No hay de qué preocuparse, en realidad nunca estuviste acompañado. Nunca te guiaron de la mano por un sendero inexistente, como lo es la predestinación"... es la voz de la razón. No hay como el miedo a la oscuridad para recordar qué se siente estar solo.
Buenas noches, amor incierto.

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